“El calor de su escultura emerge del corazón de la materia prima que utiliza.
El cerezo, el nogal, o el álamo nos transmiten, a través de la visión y de las manos de Carlos Armiño,
toda la carga ancestral que llevan dentro y nos hacen vivir a caballo entre el pasado y un presente de ilusiones perdidas”.
Carmelo Rojo